Quiero llegar a ustedes en esta nueva entrega, despues de analizar el contenido de un planteamiento que se me hizo en un comentario en el Blog. Se refiere ésta persona, al manejo de la ira o más concretamente cómo encausar su rabia frente a determinadas situaciones.
En realidad, esto de la ira o el enojo es tan común en nosotros, que reaccionamos violentamente frente a cualquier amenaza o injusticia, según nuestra valoración de la situación que vivimos en un determinado momento. Para ubicarnos en el contexto del propósito de este Blog, que es una propuesta para lograr ser mejores seres humanos, voy a tomar prestado del Dr. Charles Stanley, una meditación especial que se ubica en el Libro de Los Proverbios 19-19.
"El enojo es una emoción común que surge cuando uno enfrenta, insultos o injusticias. Dios mismo siente enojo, y nos ha dado esta misma capacidad. Sin embargo, por nuestra naturaleza caída, a menudo respondemos de una manera pecaminosa cuando este poderoso sentimiento nos domina.
Una respuesta pecaminosa frecuente es aferrarse a la ira hasta que ésta se convierte en parte de nuestro carácter: Se aloja en lo más profundo de nosotros y comienza a torcer los pensamientos y agita nuestras emociones. La paz y la alegría están claramente ausentes, porque éstas no pueden convivir con la ansiedad y la frustación que acompañan al disgusto.
Después de envenenar al carácter, el espíritu de enojo afecta a otras relaciones. Se lanzan palabras hirientes, incluso contra quienes no son la causa de la ira, y se levantan escudos de autoprotección para evitar cualquier herida. Lamentablemente, los resultados de esta conducta son una relación tensa y el aislamiento.
Aunque el enojo puede dañar el carácter y la relación con otras personas, su consecuencia más trágica es el rompimiento del compañerismo con Dios. La ira no sólo obstaculiza su obra en y através de los creyentes, sino que también aflige el corazón del Padre celestial. El desea colmar a sus hijos de bendiciones, pero los puños cargados de ira no pueden recibir la riqueza de la persona y el llamado de Dios.
¿Está usted albergando algún sentimiento de ira o enojo en su corazón? Este podría estar tan metido dentro de su alma, que no está consciente de su presencia, Pídale a Dios que le revele cualquier resentimiento oculto que haya en usted. Deshágase de él, y aprópiese de las riquezas de Cristo."
En mi vida personal, he aprendido a manejar el enojo o la ira, como quiera uno llamar a este sentimiento negativo; y admito que mantenerse centrado frente a situaciones que consideramos injustas, es algo dificil de lograr; pero debemos intentar dar un paso a la vez, ir ascendiendo en nuestra escala de la comprensión, de aprender a ser tolerantes, lo cual no significa que aceptemos la injusticia, sino que comprendamos que, con el odio nos estamos haciendo un gran daño, porque estamos frenando nuestro desarrollo espiritual cuando reaccionamos con ira frente a los demás. Hay de sí, una falta de perdón, y esta actitud va hechando raíces en nuestra vida y se convierte en un foco de resistencia ante el bien y la abundancia que nos pertenece por derecho. Esa raíz de amargura nos contamina y contamina a las personas de nuestro entorno y a todos aquellos con quienes nos relacionemos, porque hemos permitido que el rencor, la ira, la falta de perdón minen nuestra vida y cambien nuestra conducta al arraigarse en lo más profundo de nuestro ser. Entre más tiempo guardemos el resentimiento, más profunda y fuerte se hace la raíz y una raiz amarga, no puede en ningún momento producir sino amargura. La verdadera clave para la paz en las relaciones familiares y de amigos reside en el perdón. Recordemos a San Francísco de Asís...
Señor hazme un instrumento de TÚ paz.
Que donde haya odio, siembre amor,
Que donde haya daño, perdone,
Que donde haya duda, ponga fe,
Que donde haya desesperación, ponga esperanza,
Que donde haya oscuridad, ponga luz,
Que donde haya tristeza, ponga alegría.
Oh, divino Maestro, concedéme el no buscar
ser consolado sino consolar,
Ser comprendido sino comprender,
Ser amado sino amar
Pues al dar recibimos
Perdonando somos perdonados,
Muriendo nacemos a la vida etrerna.
S.FDA
En la próxima entrega hablaremos de pensamientos y palabras... permitir o resistencia.
Un cordial saludo
Dios los bendice
Freddy DC
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